Ecosistema de la Jungla
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TUCÁN TOCO
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IBIS ESCARLATA
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GUACAMAYO ROJO -
GUACAMAYO AZUL -
MONO SAKI CARIBLANCO
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MONO ARDILLA AMARILL
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TITÍ DE GOELDI
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TITÍ EMPERADOR
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TITÍ DE OREJAS DE P
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CAIMÁN DE ANTEOJOS
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MANATÍ ANTILLANO -
PIRACUCÚ
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AVEFRÍA DE ESPOLÓN -
PAUJÍ DE PICO AMARI -
TITÍ PIGMEO -
TUCÁN DE PICO AZUL
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TROMPETERO DE ALAS G -
GALLINETA GRANDE
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TORTUGA DE PATAS ROJ
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ACUCHÍ ROJO
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BOA COMÚN
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COATÍ
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AMAZONAS DE NUCA AMA -
IGUANA VERDE
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AGUTÍ NEGRO
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TITÍ DE GEOFROY
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JUTIA CONGA
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TORTUGA DE CAPARAZÓ
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TAMARINO DE CABEZA A -
AMAZONA DE FRENTE AZ
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PEZ GATO DE COLA ROJ
El Ecosistema de la Jungla es una recreación de la selva amazónica en pleno Madrid, una selva tropical con 28ºC de temperatura y un 80% de humedad. En este ecosistema se reúnen las especies más características del trópico: mamíferos, peces, aves, reptiles e invertebrados. El pabellón cuenta con una superficie circular de 2.850 m2 y 13 metros de altura con 3 niveles de recorrido descendente para recoger la distinta fauna y flora que se encuentra en el bosque húmedo ecuatorial.
La ruta comienza en las copas de los árboles (estrato 1). Entre la niebla y la llovizna aparecen guacamayos, amazonas, tucanes, ibis escarlata y trompeteros,¡ junto con palmeras reales, helechos arborescentes, troncos del Brasil y plantas trepadoras, entre otros. Todos ellos viven en un delicado equilibrio que tiene su máximo esplendor con las tormentas tropicales que caen cada media hora en fin de semana y cada hora de lunes a viernes, y durante cinco minutos, para compartir con extraordinario realismo lo mismo que los animales: ver, oír y sentir un ambiente cálido y húmedo propio de la selva ecuatorial.
Al descender al segundo nivel (estrato 2), rodeado de un ambiente sombrío y cálido, donde la selva sólo recibe un 2% de luz solar, las aves tropicales levantan el vuelo mientras los titíes algodonosos saltan de rama en rama. A continuación aparece el Territorio Saimiri, donde entre la densa vegetación se perfila un sendero que conduce hasta el interior de una gran cabaña de ramas secas. El paso por este territorio brinda la oportunidad de vivir una experiencia única: estar en contacto directo con los monos saimiri o ardilla y “hablar” con guacamayos de llamativo plumaje. Al salir de este territorio y según se desciende al suelo de la selva tropical, se disfruta de la presencia de iguanas, coatíes, titíes de manto negro, agutíes negros, tucanes toco, cotorras del sol, etc.
Recorremos la orilla del río Amazonas (estrato 3), que serpentea entre la más frondosa vegetación, para desembocar en las profundidades de los manglares. A su paso se contemplan reptiles, anfibios y peces de todo tipo de tamaños y colores: caimanes de anteojos, iguanas verde, tortugas mata mata, pirañas (todo un espectáculo a la hora de la comida), peces hoja, peces hacha, cardenales, corydoras y peces disco, entre otros. Un túnel acristalado dentro del cauce del río permite descubrir un punto de vista insólito: el fondo de los manglares. Dentro del agua se entrelazan gigantes raíces de árboles, que dan cobijo a peces gato, peces tigre, rayas, pacúes negros, pacúes rojos y arapaimas gigantes de más de 3 metros de longitud.
¿Existen las sirenas? En Faunia, sí
Sí, las sirenas existen. Se llaman manatíes y, por primera vez en España, se puede ver una familia completa de estos sorprendentes mamíferos acuáticos en el Ecosistema de la Jungla de Faunia. Este macho y hembra, al igual que su cría nacida el 30 de julio de 2009, se encuentran en serio peligro de extinción, ya que su población estimada se reduce a 2.300 ejemplares en todo el mundo. Con la llegada de la pareja de manatíes en 2007 y el nacimiento de su cría, llamada Lluma, dos años más tarde, Faunia ha contribuido a la conservación de este animal en seria amenaza en su medio natural.
Desde el siglo XVI, los marineros confundían a estos singulares ejemplares con sirenas, debido entre otros factores a la forma de su cola. A día de hoy se cree que este mito del mar se fundó en la descripción de manatíes. De hecho, esta especie única posee una característica muy humana, y es que las hembras amamantan a sus crías sosteniéndolas con las extremidades anteriores. Además, se comunican bajo el agua mediante la emisión de sonidos de frecuencia corta que son perceptibles por el oído humano y que en su día los marinos pudieron confundir con los “cantos de sirena”.


